Escapando a Italia

viajes y escape

Faltan dos semanas y lo único que hago es pensar en el viaje. Ando monotemática, pero no me importa si otros lo piensan. Vivo esta anticipación como si fuera a conocer al amor de mi vida. Estudio frases en italiano. Cocino todo con aceite de oliva, saboreo prosciutto, mi Pinot Grigio es Mezzacorona. Digo “Buon giorno”, “Grazie”  y “Ciao” a todo. La cama del cuarto de huéspedes está cubierta de franelas, zapatos y bolsos. Los sueños son cada vez más cercanos; casi los puedo tocar. El tiempo pasa demasiado lento.

La misión de este periplo es ir despacio, saborear los días y los descubrimientos. Si bien vamos con un “plan” —algo básico de rutas, destinos, sitios de nuestro interés, ropa para el otoño en Italia—, también hemos invitando a la serendipia, dando espacio para lo inesperado, a maravillarnos de lo que se nos vaya abriendo en el camino.

Viajaremos haciendo un poco lo opuesto a lo que nuestra cotidianidad nos impone, la que nos anestesia y abruma a la vez. Vamos más dispuestos al misterio y la maravilla, espantando la rutina y soltando la necesidad de tener todo predigerido y empaquetado. Buscaremos la libertad que nos ha sido domesticada.

Queremos ser viajeros, no turistas. Deambularemos a nuestro tiempo y antojo, pues no nos interesan tanto los datos servidos como en pastillas rápidas , sino las sensaciones y las memorias que nos acompañarán.  No queremos los detalles que se puedan encontrar en cualquier folleto turístico, sino los atardeceres con vino, posar las manos sobre la Historia Antigua en monumentos, adivinar la vida de los transeúntes mientras estamos sentados en un café, el gelato que nos llene el alma, esos hitos que nos marcarán para siempre.

Viajaremos en tren y automóvil, sin GPS, pero con un mapa, con una maleta pequeña y la cámara fotográfica y un cuaderno, y volveremos a casa con nuestra vida recuperada.

 

 

 

 

 

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La tormenta de Murakami

“A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. murakamiY es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”

Esta cita de Haruki Murakami, de su libro Kafka en la orilla (2006), me ha acompañado en los momentos oscuros. Sus palabras me han servido de tabla de salvación, como un recordatorio de mi capacidad de progresar para bien, aunque no lo parezca.

Perdidos como en una pesadilla, creemos que no podremos con todo. Podemos escoger cómo actuar…Siempre tenemos la decisión de dejarnos arrastrar por las penurias y problemas, o  patalear como locos para salir del remolino. Capoteamos el fenómeno, el tsunami que nos revuelca, y paso a paso resolvemos este caos que es vivir. Una vez superada, agradecemos cada prueba, la posibilidad de demostrarnos la infatigable fortaleza interior que nos vuelve infatigables, briosos y tenaces. En medio de lo inesperado aprendemos a enfocar nuestros esfuerzos, a calmarnos, sacamos aguante de donde nunca creímos posible. En ese proceso vamos creciendo, nos volvemos más sabios, y nos convertimos en otra persona.

Al salir de la crisis, hay una etapa de entumecimiento, como de descanso del guerrero, donde decanta todo lo que nos sucedió y cómo lo resolvimos. La reflexión posterior hace que haya algo especial en los sobrevivientes de las crisis: hay una cierta tranquilidad, como si supieran de lo que son capaces. Nos maravillamos de haber superado las pruebas y se instala en nosotros un orgullo nuevo, pulido, fuerte. Después de la tormenta, viene la calma y sale el sol. Así son las tormentas…

La libertad definitiva

 

Ando en una de discernir lo que es la libertad y por qué nos da tanto miedo, mientras que es lo que más anhelamos. Queremos ser libres y a la vez nos aterra ejercer el albedrío.

Hemos aprendido a vivir con miedo, en un mundo cada vez mas complicado, quizás al borde de una guerra, la posibilidad cierta del fin del mundo tal y como lo conocemos. Nos están tratando de convencer que es urgente tomar medidas de seguridad extrema, deIMG_7177.JPG recusar a quienes piensan diferente a nosotros, de rechazar otras formas de cultura, y con ello nos vamos volviendo seres enjaulados y agrios. Es una espiral  de recelo y sospecha hasta de nuestra propia sombra que nos lleva a más encierro, literal y metafórico.

Viajar es el modo mas definitivo de esa libertad. Al tomar caminos que no hemos transitado antes, descubrimos nuevos lugares, nuevas formas de hablar, hacer, comer, pensar. El encierro tocando-el-pasadose vuelve luz y oxígeno. Mientras “buqueo” el vuelo y reservo los hostales, un  frío me recorre la espalda en anticipación a lo que me espera a la vuelta de la esquina. Es a la vez susto e ímpetu, dos conceptos que coexisten en mí y me hacen salir de mi zona cómoda para descubrir que hay más allá de mi calle, mi pueblo, mi país. Es sentirme pequeña y vulnerable, pero no es el terror de ser atacada o el de ser cauta en extremo, sino el que me da el agradecimiento de ser testigo de tantas cosas maravillosas que tiene este mundo y sus habitantes.

Puedo llegar a creer que es mejor encerrarme en mi casa y allí no me pasará nada. Ciertamente, no pasa nada. La cobardía es una forma de muerte sin realmeimg_7145nte dejar de respirar. Volver a vivir es saborear un café con espuma de leche, el aroma del campo florido y las telarañas hechas de perlas de rocío, tocar el pasado con mis manos, saludar a otros viajeros, a quienes quizás nunca volveremos a ver, llorar ante un sublime Monet o el Guernica de Picasso.

Montarme el morral y dar el primer paso es superar la modorra que da el cotidiano, el miedo rocio-telaranaque da ver las noticias.Cuando llega el día de la partida, acaricio mi pasaporte y sonrió. Caminaré callejuelas desconocidas tratando de no ver el mapa, conseguiré un barcito donde el vino sea de la casa y regresaré a mi hogar, viva de memorias que nunca me abandonarán.No tendré miedo y seré libre.

Este mundo necesita menos miedo y sospecha de los otros; este mundo necesita más viajeros.

Invocando quimeras-La hija de los inmigrantes

Invocando quimeras
Nací en plena democracia, una tarde de octubre de 1.962. Como en un sueño de esos de los cuales uno no quiere despertar. Era la primera generación de inmigrantes nacida en nuestro nuevo país. Yo era la prueba irrefutable de su fantasía hecha realidad: que se puede encontrar la felicidad y la paz, así sea echando raíces al otro lado del mundo. Y afloré a este mundo en un país soberano y libre. Tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1.958, Venezuela estaba sanado las heridas tras casi seis años de opresión, y andaba en pleno pacto con su radiante y nueva autodeterminación. El país había retomado a su pacífica forma de respirar; la vida y el futuro parecían seguros. Pronto, los precios del petróleo serían una bendición de riquezas a chorros, aunque décadas más tarde, esa misma fortuna nos condenaría a sacar a la luz lo peor de los venezolanos en vicios, deshonestidad, altanería y corrupción. No me voy a adelantar, de eso escribiré más adelante.
Volvamos al momento de mi nacimiento. Resulta que también nací días antes de lo que se conoce en los anales de la Historia como la Crisis de Octubre o la Crisis de los misiles. Fue un momento oscuro, cuando la humanidad vivía una de las peores amenazas, una de proporciones bíblicas. Aún no se secaba el concreto del muro de Berlín y Cuba apenas se había declarado como un estado comunista, cuando un conflicto entre los Estados Unidos y a Unión Soviética, se volvió lo más cercano a una aniquilación nuclear total de la humanidad. Chocaron sus doctrinas sobre la autonomía y el control del mundo. Se inició un forcejeo de poder, explotando cualquier oportunidad a su alcance para joder al otro.  Es que parecería que los hombres no se pueden quedar tranquilos, viviendo en paz con sus congéneres. No. Tienen que someter al vecino, hacerlos débiles y dependientes, para regodearse en aquello que los convierte en poderosos y dominantes. Hubo espías y contra espías, hazañas que fueron inspiración para las libros de acción y drama, con la consiguiente película. Norteamericanos y soviéticos, andaban con la pajita en el hombro, mostrándosela al adversario. Con tal de adelantarse al otro, los enemigos usaron a la Tierra como un gran tablero de ajedrez. Los rusos eran buenos en esto de la estrategia del ajedrez; los americanos lo sabían, pero ellos también eran los reyes de la planificación bélica. En fin, los estadounidenses movieron proyectiles a Italia y Turquía como torres y caballos, mientras los rusos buscaron desplegar sus misiles en Cuba como alfiles. Ese incidente fue escalando durante trece días, entre intimidaciones y advertencias, jugadas maestras y ataques donde los peones de la humanidad eran quienes estaban en mayor riesgo del jaque mate. Finalmente, tras momentos de sudor y angustia, con el dedo en el detonador final, los misiles nucleares se regresaron a la Unión Soviética. Si bien ninguna de las dos superpotencias llegaron a la guerra como tal, ambas utilizaron a otros estados como sus laboratorios para campos de batalla, la forma de medir sus fuerzas. Una guerra solapada. Corea, Vietnam y Afganistán. Y Cuba. Una islita a medio camino entre Venezuela y los Estados Unidos, de gente cálida, pero asolada por una revolución trasmutada en dictadura. ¡Quien diría que cuarenta años más tarde, esa islita tendría tanto impacto en una nación tan democrática y grande como Venezuela!
Lo cierto es que todo aquello de lo cual habían huido mis padres parecía haberlos alcanzado de nuevo, aun con el mar de por medio. Quizás en la cuna, a los días de nacida, cuando mi mente era una esponja absorbiendo palabras y gestos que aun no comprendía, pude escuchar a mi madre asustada, a mi abuela llorando o a mi padre y mi abuelo, fruncir el ceño de la preocupación. Esos son los probables pasajes enterrados en el fondo de mi memoria, esa que nos construye las creencia y los dogmas. Quizás estos hechos y las historias de mis padres, me instalaron ese temor al comunismo y su hedor a miedo, antítesis de lo que es el amor incondicional  por la libertad. Y cuando vi que en mi patria comenzó a oler a algo parecido a la opresión, reviví los cuentos que me pertenecían por herencia y a traté invocar las quimeras de mis antepasados de que Venezuela sería un paraíso por siempre, como una medida de contrarrestar mis miedos. Entendí que la libertad es un instinto genético, pues su ideal se transmite de una generación a otra, con algunos incrementos por lo que se va aprendiendo en el camino. La libertad no debe ser una quimera, una fantasía, sino la real capacidad de ejercer nuestros deseos y albedrío, el dominio de nosotros mismos, sin hacerle daño al prójimo y correr con todas las consecuencias de tal acción.
Tuve el privilegio de nacer en libertad y hasta 1.999 fue lo único que realmente conocí. No quería perderla, pues sabía a que sería dificilísimo recuperarla; no es lo mismo patalear antes de que te pongan cadenas a tratar de quitártelas una vez puestas.  Decía Gabriel García Márquez que “… los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos”. Ese año comenzaron mis dolores de parto…

La hija los inmigrantes. Sinopsis

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Ando en el proceso de edición (eterna edición) de mi libro de memorias llamado La hija de los inmigrantes.

Me permito destilar y compartir  de qué se trata este libro.

Me encantará escuchar sus opiniones.

La hija de los inmigrantes
Sinopsis
Me convertí en inmigrante mucho antes de montarme en el avión. Si bien mi historia parece haber comenzado de manera casi imperceptible, fue escalando en una serie de eventos que rayaban en lo anárquico y que terminaron por quitarme la paz, la respiración y el sueño. Y casi me costaron la libertad. Venezuela, mi terruño, se desmoronaba económica, política, social y moralmente ante mis ojos, sin que yo pudiese hacer nada al respecto. Fue entonces cuando me atacó la recurrencia de una visión; sentir en carne propia que se repetían acontecimientos de la Historia como una comida mal digerida. Era el terror que alguien decidiera nuestro destino, entretejido con las crónicas de mis padres y abuelos quienes se refugiaron en esa maravillosa tierra tras la Segunda Guerra Mundial.
En La hija de los inmigrantes, no exploro los temas de cultura e identidad que se adquieren tras emigrar, sino lo que se deja de ser, aun antes de salir. Son las penosas preguntas que me hice para el convencerme a mí misma que debía abandonar la tierra donde nací y con ella, a mis seres queridos y mis sueños en proceso.
Mis circunstancias no comenzaron al aterrizar en Canadá, ni con el descubrimiento de mi nueva cultura, ni el rompecabezas de un mundo más civilizado, —pero ajeno al fin—, que me tocaría armar durante años. La hija de los inmigrantes narra mi trayecto entre una existencia que creí perfecta hasta la certeza de huir sin mirar atrás, de superar el apego a la tierra y el hogar, para lanzarnos a algo diferente que, por definición, era incierto pero  guardaba una promesa por cumplirse. Es tratar de recuperar la entereza con algo de valentía. Muchas de las respuestas que encontré estaban escondidas en las propias  historias que me contaron mis ancestros, emigrantes de guerra y espantados del comunismo.
La hija de los inmigrantes es una recopilación de reflexiones en forma de memorias que, rica en detalles y en tono nostálgico, resonará con esa diáspora venezolana y universal que no quiso ser. Es un florilegio sobre mi travesía de darle a mis hijos una mejor vida y de honrar el recuerdo de mis antepasados.

 

…simplificarme la vida con valentía…

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El 2.017 trae promesas y reflexiones. Las mías son la valentía y la simplicidad: las palabras que quiero que definan mi año futuro.

Dicen que la vida es sencilla ¡pero cómo nos encanta complicarnos! A veces me sumerjo en un autosaboteo continuo, basado en el miedo y las dudas. La economía mundial, el impacto de lo que tuiteo Trump hoy, la posibilidad de una enfermedad o un acto terrorista, y hasta el riesgo de lo que puedan pensar de mi escritos, me ubica en el estrato de los mártires sin causa, y me anestesia con actividades, objetos y gente, cuyo único propósito es tentarme la capacidad de aguante y hacerme olvidar lo que me es esencial. Mi intención es que esto acaba hoy…

La simplicidad y la valentía significan cosas diferentes para cada persona. Lo que rige y lo que da valor a cada dia, a cada historia son tan vastos y peculiares como la gente misma. Para mí, implica deshacerme de las complejidades cotidianas innecesarias y hacer más de lo que me gusta.

He recogido una pequeña lista de tareas que me parecieron valiosas en esto de practicar la simplicidad y la valentía. Simple y valiente…

1. Aprende a soltar lo que ya no es

Ya sea un pantalón que no te queda, un trabajo que te deja el alma seca o una persona que te intoxica, soltar significa ir hacia algo mejor. Es quitarnos un peso de encima (aunque los pantalones no nos queden por el peso adquirido….tema para otra ocasión). No obtendrás lo que mereces si aun te regodeas en el pasado, si te ciegas a las oportunidades  por estar apegado a lo que fue. Nos acostumbramos al dolor de lo que ya pasó como una forma de recordar y mantener en nuestra vida algún aspecto que nos llenó. Pero la vida implica cambios constantes y  nuestro crecimiento depende de nuestra capacidad de renovación, de perdón y de desenganche.

2.La perfección es una falacia

Una de las cosas más intrépidas que se puede lograr, es dejar de vivir ese falso argumento, con apariencia de verdad que nos dice que no somos lo suficientemente buenos, que debemos perseguir un estado imposible y agotador, basado en los logros ajenos, puntuales e inmediatos.

Deja de auto flagelarte por ser una obra maestra  en proceso. Acepta que la vida no es acomodadita, que la gente es imperfecta…y  tú también. ¿y cuál es el problema? Pues, ninguno.

3. Olvídate de lo que los demas piensan y esperan de ti

Como corolario del punto 2…La libertad más grande que se puede lograr es no hacer caso de lo que los demas piensan sobre ti. No aceptes la seguridad con que las mentes pequeñas traten de convencerte que tus sueños son demasiado grandes. ¡No lo son!

Siempre, siempre, siempre recuerda quien eres y lo que quieres ser.

3. Deja de preocuparte y de quejarte

Comienza por enfocarte en lo que puedes controlar y haz algo al respecto. Quienes se quejan más,  logran menos. Al preocuparte, estás recargando tu mente y tu corazón en crear cosas que no quieres, innecesarias y pesadas.

4. ¡Muévete!

El paso más importante en cualquier proyecto o sueño es el primero, así que dalo. Es muy sencillo. Pon tus pies juntos, pon el pie derecho hacia adelante, pisa y luego trae el pie izquierdo junto a pie derecho. Más fácil, imposible.

Si el proyecto es muy grande, no te abrumes. Enfílate solamente a dar siguiente paso. Solo el siguiente…

5. El enfoque está en ser productivo, no ocupado.

Confundimos lo urgente con lo importante. Veneramos el estar ajetreados, pues creemos que nos da prestigio y reputación  de autoridad. Pero el resultado es como un perro que se persigue la cola; terminamos cansados y frustrados…eso si, con fama y renombre. (Inserte carcajada aquí).

6. Pasa tu tiempo con gente que te inspire y apoye}

Nada más positivo que invertir tu tiempo y alegría con gente que te aprecie y te estimule a trabajar en una versión mejorada de ti mismo.  IN-CON-DI-CIO-NAL-MEN-TE.

¡Les deseo un 2.017, simple y valiente!

De las tradiciones

Casi siempre ha de pasar,
que cada vez que escuchéis una gaita, lloraréis,
porque en mí te hará pensar…
Gran Coquivacoa 

 

Afuera, la temperathallacasura apenas llega a un grado centígrado, los techos de las casas vecinas están escarchados y en la radio, suenan tenues y lánguidos, los villancicos en inglés. Pero, hoy me reuniré con amigas y familia para conjurar calor, sustancia, amor  y parranda… todo lo que fue bueno de esa tierra bendita llamada Venezuela.

En este círculo, lleno de risas, ponche crema, pan de jamón y mucha tertulia, cortaremos cebollas, escondiendo alguna lagrimita por ese pasado que siempre será dulce y amargo, cruel y benévolo a la vez.  Herviremos caldos concentrados como la esencia  intensa de la venezolanidad; lavaremos hojas de plátanos que guardarán el tesoro de maíz, guiso, aceitunas, uvas pasas y demás adornos, en esa texturas cálidas que nos transportarán a las memorias de lo que fue y de lo que nos trajo hasta aquí, a Canadá.

Cambiaremos los villancicos meditativos por  Guaco que, con sus gaitas navideñas nos alborotarán la rumbita interior, esa que parece habérsenos apocado por el invierno, por una cotidianidad boreal  y por la distancia.

Hoy haremos las mejores hallacas del mundo: las que se hacen en equipo, con amor y con nostalgia.

Guaco, sabe a Venezuela…

Diciembre, 2016

 

 

Aquí, comenzando…

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Existen los momentos de la verdad, cuando ya no queda otra que responder a los llamados, hacerle caso a la vocecita en la mente que se vuelve grito. Llevaba tiempo mirándome sentada en el cubículo donde todos lo dias se me desvanece el alma, y pensaba en los próximos diez años…deprimente.
Buscaba algo, un no sé qué, una certeza que debía comenzar un camino diferente. Debía disipar las nieblas de las dudas y los miedos, y así en Febrero del 2016 nació R&B Language Consulting Group. Ofrecemos servicios de traducciones inglés -español, escritura técnica/creativa y consultoría sobre cultura de negocios entre Norte y Sur América.

He pasado algunos meses puliendo detalles, buscando ideas y desmenuzado planes hasta el cansancio, solo para darme cuenta que he permanecido escondida tras un falso perfeccionismo, creyendo que debo tener absolutamente todo aprendido y todo listo.
Sin embargo, este tiempo de maduración me ha servido para saber con qué cuento para la próxima estación de mi proyecto de vida: mis experiencias.

Todo lo que he vivido me ha preparado para este paso. Quince años como Gerente de Mercadeo y Ventas para dos empresas extranjeras me dieron material de estudio sobre culturas de negocios (hasta para escribir algunas anécdotas). Pude sentir en carne propia las deficiencias en los estilos de comunicación y fuerzas entre culturas, que causaban confusión y desgaste de ambos lados…y yo, en el medio, tratando de explicarle a los gringos cómo eran los latinos y viceversa. Frustrante pero aleccionador.
Hablo inglés y español, soy creativa, soy valiente. Tengo estudios de traducción. Ahora también conozco la cultura canadiense, las fortalezas y debilidades de sus enfoques comerciales en relación a Latinoamérica. ¿Qué más estoy esperando?

He estado inmersa en el proceso de creación de mi marca, de mi estrategia, pero en paralelo, he de buscar acciones más palpables de avance que me mantengan enfocada: debo salir de mi zona cómoda. Y entonces, como una señal proverbial, sucedió que, paseando por la Internet encontré información que casi tenia mi nombre grabado. Esta semana iré a LATAM 101: Expanding Canadian Businesses into Latin American Markets (que se traduce como “Latinoamérica, nivel básico: expandiendo negocios canadienses en mercados latinoamericanos). ¿qué tal?

Seguiremos informando…

La felicidad de las arañas

Hace unos dias leí en algún lugar que un grupo de científicos desmadejó (!) la relación entre la felicidad y la actividad de tejer. Determinaron que quienes tejen tienden a ser más felices que quienes no lo hacen. Me imaginé un laboratorio pulcro y luminoso; de un lado un grupo de personas metidas en una cabina, sentadas mirando el techo (grupo control, le dirían en el argot científico) y en otra cabina, un grupo de personas envueltas en lanas de colores, risas y tertulias. Tras el cristal del laboratorio, los científicos de batas blancas, tomando notas y asintiendo.
Recordé que una vez, hace ya mucho tiempo, intenté tejer ya que era una actividad relajante. Todo resultó un desastre: una maraña de pieza y yo, con el cuello tullido. Guardé mis agujas, hilo y autoestima en el fondo del olvido y lo tapé con un manto de miedo….hasta que leí el artículo de los científicos y ese concepto tipo nudo resbaladizo llamado felicidad.

Como soy obstinada en la búsqueda de cosas nuevas, que me inspiren, pedí con mucha humildad a mis amigas, a quienes apodo con razón como las Arañitas, que me enseñarán el misterio divino del ganchillo. Ellas se reúnen cuando pueden y son voluntarias en un ancianato para pasar algunas tarde tejiendo con las viejitas. Me aceptaron rápida y cómodamente. Durante un par de horas, me fueron guiando por los pasos esenciales del arte del crochet, y tras mi primer intento después de tantos años de decirme a mí misma que era torpe y que no podría hacerlo, esto es lo que aprendí:

1. No hay nada más lleno de dicha que un círculo de mujeres compartiendo su sabiduría y recibiendo la de las otras. La fórmula es simple: una aguja de crochet, una borla de lana de cualquier color, café y galletas, la gracia de enseñar con paciencia y la humildad de aprender sin miedo a ser juzgada.

2. Así como el tejido es una actividad social, también puede ser un ejercicio practicado en soledad. Cada punto se convierte en un mantra, una meditación, donde la mente puede encontrar el silencio necesario para el sosiego y la paz. Cada movimiento consciente de la mano se asemeja a uno de TaiChi, lento y medido, y otorga la capacidad de estar embebida en el momento presente.

3. La cadeneta es el fundamento de la pieza. Debe ser consistente y alineada, pues de ahí parte todo. Así, mis cadenetas del alma deben estar bien alineadas con mis bases y creencias. Sólo así puedo tejer mi propio destino con propiedad y firmeza.

4. El hilo debe tener suficiente tensión para que el punto no quede ni muy flojo, ni muy apretado. Los puntos muy flojos se deshacen, los apetados son una batalla perdida. Como todo en la vida.

5. Hay que comenzar pequeño, sin expectativas de perfección, sin delirios de salir de la primera clase con una cobija de lana merino, tipo Martha Stewart. Pero la esencia de cualquier saber es la práctica.

6. Si un punto no queda bien, solo basta deshacerlo, sin mayores consecuencias para el ego, sino la posibilidad de mejorarlo. Siempre hay un momento para rectificar y volver a comenzar.

Mientras estabamos enfocadas en el primer ejercicio, Vera, de cuatro años, exclamó sonriendo al ver la pieza en la que su mamá trabajaba: ¡mira mami, la bufanda de la Barbie!

Primer proyecto: alcanzado.

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